lunes, 25 de septiembre de 2017

Isla de Sao Vicente. Mindelo pasado por agua.

Tocaba cambio de isla, concretamente nos íbamos a la isla de Sao Vicente, antes de venir a Cabo Verde adquirimos los billetes para hacer este desplazamiento y menos mal porque los compramos tarde y quedaban pocas opciones de horarios.

Habíamos quedado con el taxista que nos trajo el primer día del aeropuerto para que nos recogiese a las 9h, pero comprobamos que seriedad poca, así que a las 9:10 Elena se acercó a la calle principal y en seguida apareció con uno que en breve nos dejó en el aeródromo, está muy cerca a unos 15min de la ciudad.
Éric y Quim en la playa de Laginha
Sin ningún tipo de problema facturamos y pasada la espera con alguna disputa por la maleta de Eric, ya que varios niños querían jugar con ella y hubo algún lloro por lo que la tuvimos que esconder para evitar más rabietas. Vuelo tranquilo hasta Sao Vicente, allí nos esperaba un taxista que envió nuestro hotel B&B Moreno’s, fue una sorpresa porque no lo sabíamos y nos gustó mucho el detalle, el alojamiento está en una zona tranquila, pero debemos coger un taxi para desplazarnos por la noche aconsejados por ellos.

Lluvia en Mindelo
Como nos iba a ir ocurriendo a lo largo de todo el viaje, estábamos prácticamente solos en el edificio, no hay mucho turismo. Nos acercamos a la playa Laginha y nuestra cara cambió radicalmente ya que es de arena blanca bañada por aguas de color turquesa, pero tocaba comer, así que con la recomendación del Moreno’s  nos acercamos al restaurante Caravela donde podríamos reponer fuerzas y después disfrutar de la magnífica playa.

Trabajando en el Mercado Municipal
Con el estómago lleno nos acercamos al puerto para comprar los billetes para ir a Santo Antao dentro de unos días, después de no aclararnos muy bien con la chica que los vendía conseguimos comprarlos, unos 8€ el trayecto por persona, Éric no pagaba.

Con los deberes hechos, ya podíamos desfrutar de la playa, así que tranquilamente volvimos al alojamiento para coger los trastos y ponernos los bañadores y así por fin disfrutar de la magnifica playa. Como ya nos pasó en la isla de Santiago, la gente suele ir más por la tarde noche para disfrutar del agua y no tostarse al sol, así que estaba bastante concurrida, disfrutamos mucho sobre todo Éric, teníamos que ir con cuidado ya que en la arena había cristales, tuvimos que coger más de uno.

Trabajadora del Mercado Municipal
Cuando anochecía recogimos y de camino al restaurante Carabela vimos a unos hombres jugar una especie de partido de fútbol con peonzas y una pelota, incluso con unas mini porterías, era muy curioso y divertido, estuvimos un rato viendo como jugaban para más tarde ir a cenar y de ahí al sobre que estábamos cansados.

Playa de Laginha
Al día siguiente no amaneció con muchas ganas de dejarnos disfrutar de la estupenda playa que tenemos a 10 minutos, decidimos visitar la ciudad, andando nos aproximamos al centro y cuando vimos el mercado municipal nos metimos de cabeza y como locos empezamos a hacer fotos. La gente era muy amable y simpática, incluso después de hablar con unos trabajadores de una de las paradas que desgranaban unas vainas, nos dieron su dirección para que les enviásemos algunas fotos que les habíamos hecho, encantados lo haremos.

Mercado Municipal
La lluvia empezaba a apretar, por lo que estuvimos un buen rato hasta que bajó un poco la intensidad y decidimos acercarnos al Café Mindelo que estaba muy cerca, aquí decidimos comer y nos volvimos a encontrar con unos vascos que fuimos viendo continuamente desde que salimos de Praia, muy majos.

Como estábamos en la parte baja de Mindelo nos encontramos hasta los topes de agua, por lo que parecía que tendríamos que cruzar nadando en lugar de a pie y después de abandonar el restaurante dimos algunas vueltas para conseguirlo, nuestro objetivo era una oficina de turismo que hay junto al mar. La persona que estaba no era muy habladora, teníamos que sacarle las palabras y parecía que era su primer día a parte de hablar muy bajo y solo portugués, la conclusión es que habíamos perdido el tiempo.

Casa de Cesarea Evora
Hicimos una parada técnica en la Pastelería Morabeza muy cerca del Palacio del Pueblo, pero ante el tiempo tan desagradable que teníamos volvimos al Moreno’s para hacer tiempo hasta la hora de la cena.

Para volver al centro nos subimos a un taxi al que le extrañó que le dijésemos que nos llevase hasta el mercado, porque estaba cerrado, pero al no conocer la ciudad era nuestro punto de referencia, al final nos decidimos por el Café Royal, ya que la música en directo nos invitó a entrar. Es un local que seguro vivió tiempos mejores, pedimos unas pizzas y para picar nos pusieron un pincho de ¡tortilla de patatas! A Éric se le abrieron los ojos como platos, así que se la dejamos toda para él, el servicio no es muy rápido y tardaron una hora en traernos la comida, por lo menos los músicos eran buenos y de vez en cuando tocaban alguna canción de Cesarea Évora, ¿que más se puede pedir?

Limpiando pescado en el mercado de peixe
El día siguiente amaneció con mejor cara, así que nos acercamos al mercado del pescado que está en el centro justo al lado de una replica de la torre de Belem de Lisboa, como nos encantan los mercados en seguida nos pusimos a la tarea, descubrimos peces que no habíamos visto nunca en las pescaderías de nuestro país y charlamos con algunas vendedoras, hay bastante actividad y una zona en la que unos operarios se dedican a limpiar el pescado. Después nos acercamos a la Plaza Estrela, donde hay un mercado en el se pueden comprar souvenirs y aprovechamos. Queríamos ver unas pinturas en unas paredes próximas con la historia de la ciudad, pero  una nube puñetera nos jorobó a todos durante un rato soltando su cargamento sobre nuestros cuerpos acalorados, tampoco iba tan mal, pero impidió seguir buscando los murales. Cuando amainó un poco nos acercamos al Restaurante Algarbe en frente del mercado, bastante económico donde probamos la cachupa un plato tradicional de legumbres con huevo, chorizo y pescado, Elena pensando que pedía un plato exótico le trajeron uno de huevos con patatas, un gran acierto J

Percebes
Después de comer nos planteamos ir a Calhau, pero consideramos que era un poco tarde para coger un aluguer hasta allí, a Elena no le hizo mucha gracia. Aprovechamos que estábamos cerca y fuimos hasta la casa donde había vivido la reina de los pies descalzos, Cesarea Evora.

¿Quien no se va a querer bañar aquí?
Volvimos más tarde a la playa, pero el tiempo no nos quería dejar disfrutar de las aguas de esta isla, así que tuvimos que recoger como pudimos y volver empapados a nuestra habitación, ¡menuda lata!.

Isla de los pájaros desde Mindelo
Como no teníamos muchas ganas de buscar un sitio para comer nos decantamos por lo bueno conocido y volvimos al Café Mindelo, lo malo es que los ventiladores solo acarician el aire pero no lo empujan hacia abajo porque pasamos un calor impresionante, había música en directo. Cuando pedimos la cuenta además nos acercaron un mini guitarra para dejar la voluntad a los músicos.

Cansados tocaba retirada y como si fuese el juego de la oca, tocaba cambiar de isla al día siguiente, así que de isla a isla y tiro por que me toca.