lunes, 9 de abril de 2018

De L'Estartit a Lloret pasando por Calella de Palafrugell.

En nuestro segundo y último día de la escapada por la Costa Brava lo íbamos a empezar donde lo acabamos, ¡en la pizzería no! en la playa :) así Éric empezaría el día con algo que le gusta mucho, buscar conchas y jugar, después nos desplazaremos a Calella de Palafrugell para luego descubrir unos jardines que no conocemos en Lloret de Mar.

Éric buscando conchas y "tesoros"
Después del sueño reparador bajamos a disfrutar de nuestro desayuno en el Hotel Medes II para que una vez con las maletas a cuestas dirigir nuestro rumbo a la mencionada playa, Éric encantado de poder empezar así el día ya que se lo prometimos el día anterior y encima con las Islas Medes de fondo, todo un lujo.
La basura recogida
Desde que Éric visitó la CRAM, el centro de recuperación de animales marinos que hay en El Prat de Llobregat, está muy concienciado con lo de la basura en la playa y a parte de buscar sus preciadas conchas iba recogiendo los plásticos que se iba encontrando, hasta un cristal que se cruzó en nuestro camino, ¡es genial!, para que luego digan que no se acuerdan los peques, nos encanta que haya aprendido esa lección tan bien.

Playa de las Barcas
Nuestro siguiente destino no estaba muy lejos, a unos 30 kilómetros, queríamos visitar Calella de Palafrugell ya que tiene unas playas preciosas y nunca habíamos estado, nos costó un poco aparcar y en cuanto dejamos nuestro vehículo bien aparcado nos dirigimos al centro que estaba bastante concurrido. Tras comprar un par de cosillas en una tienda de souvenirs muy chula dedicada al mar, nos acercamos a la playa y nos sorprendió la gran cantidad de gente que había tomando el sol, parecía verano.

Plaza Port Bo
Dimos una pequeña vuelta, queríamos tomar algo pero los restaurantes solo aceptaban si era para comer, así que seguimos viendo un poco más el pueblo y decidimos quedarnos a comer en La Croissanteria de Calella, hacen hamburguesas y es económico. Después de zamparnos las hamburguesas vimos un poco más el pueblo, fuimos hasta la Punta dels Burricaires desde donde se pueden ver unas vistas increíbles de las playas que hay a los pies del pueblo.
Vista desde la Punta dels Burricaires.
Desde aquí pusimos rumbo a nuestro último destino en Lloret de Mar, Éric aprovechó para echarse una siesta. Una vez aparcados y con el peque despierto pero con pocas ganas de moverse, conseguimos que se movilizara al cabo de un rato y así poder visitar los Jardines de Santa Clotilde.

Haciendo un reposo
Tras pasar por la taquilla (5€) comenzamos a pasear por los jardines que están situados sobre un acantilado. No hay mucha gente y es muy agradable el paseo por este lugar peculiar, ya que lo que predominan son los setos y el verde, apenas hay flores pero todo tiene armonía y sentido.

Una de las sirenas
Durante el recorrido nos vamos encontrando con diferentes esculturas, quizás uno de los lugares más interesantes sea el de las sirenas de las que parten unas escaleras. Los jardines son ideales para pasear y disfrutar de las diferentes terrazas dónde hay bancos para descansar y deleitarse con el entorno.
Las vistas son espectaculares
Después de algo más de una hora y tras pasar incluso por una pequeña cascada, nos dirigimos a la salida y muy a nuestro pesar nos dirigimos al coche para volver a casa y terminar esta pequeña escapada que nos ha sabido a poco, la Costa Brava da para mucho y a pesar de haber ido muchas veces aún nos queda mucho por descubrir.

La zona de la cascada


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