martes, 19 de diciembre de 2017

Isla de Santiago. En Tarrafal visitamos el campo de Muerte Lenta

Sí, aunque parezca increíble en este lugar tan bonito existió uno de esos lugares creados por la crueldad humana y que tanto daño han hecho. Construido por el gobierno portugués en 1936 para enviar a presos políticos y a cualquiera que se le pusiese por en medio que pudiese amenazar la estabilidad del país.

Playa Mar di Baxu
El día lo empezamos con el pie cambiado, salimos de la pensión y nos pusimos a buscar un lugar donde almorzar sin mucho éxito, el concepto de ellos es diferente al nuestro y el único lugar que encontramos solo nos ofrece hamburguesas y el plato típico de Cabo Verde, la cachupa, un poco fuerte para nosotros. Casualmente nos cruzamos con la dueña de la pensión y nos informa que tenemos el desayuno esperándonos en el restaurante de ellos, que nos debería haber informado el primer día, le decimos que igual no nos entendimos bien y dándole las gracias nos dirijimos hambrientos hacía a allí, donde una suculenta variedad de ingredientes nos estaba esperando y que casi nos perdemos, somos un caso.

Con mejor cara hacemos algunas fotos en la playa y encontramos un grupo de mujeres junto a las barcas de los pescadores donde les hacemos algunas fotos y nos reímos con ellas ya que alguna se anima y hace bromas, nos lo pasamos muy bien.

Mujeres esperando a los pescadores
De aquí vamos a la búsqueda de un medio de transporte, ya que el campo de concentración se encuentra en las afueras de Tarrafal, para poder ir le preguntamos a un policía cúal sería la mejor manera y nos dice que lo idóneo es ir en pickup, un servicio que hay por todo Cabo Verde y que en la caja de la parte trasera cubierto por un toldo hay dos tablones para ir sentado, es el medio más barato en las islas. Hablamos con el dueño y por 2€ nos dejaba en la puerta, eso todos no por persona, si lo hubiéramos descubierto antes...

Nos subimos en la parte trasera y en seguida se puso en marcha, por el camino cogimos a otro pasajero, nos lo pasamos muy bien por que era una novedad aunque no es muy cómodo, el hombre se pasó la entrada y tuvo que dar marcha atrás pero nos dejó en la puerta.

Una ventana, por las dudas ;)
En seguida aparecieron unos niños pequeños pidiendo dinero, ya habíamos leído que nos los encontraríamos, es mejor no dar dinero porque los acostumbras a mendigar.

Hay una taquilla en la entrada con dos mujeres con una acumulación de aburrimiento considerable y sin rastro de Morabeza por ninguna parte, la entrada solo cuesta 100 escudos menos de 1€. Las dejamos atrás con su enemigo el tiempo y nos adentramos en este campo de horror.

La visita.

Nunca habíamos estado en un lugar así y la verdad es que sientes una sensación extraña, aunque sabes lo que ha ocurrido es imposible llegar a imaginar el sufrimiento de las personas que tuvieron la desgracia de pasar por allí y algunos pagar con sus vidas la estancia.

Desde la entrada se ve el puesto de socorro
En el centro está el puesto de socorro y en su interior algunos paneles informativos explicando las duras condiciones a las que se enfrentaban a diario los presos. Tenían prohibido hervir el agua, entre los prisioneros había una red de solidaridad y fabricaron filtros con piedra volcánica para el agua, distribuían los pocos medicamentos que tenían, entre otras tareas.

Uno de los barracones grandes
Durante el periodo que estuvo abierto el centro perdieron la vida 36 personas, la mayoría provocada por una fiebre del agua negra que provocaba la picadura de los mosquitos. La enfermería una vez que la recorres ya te das cuenta que sus dimensiones son ridículas dadas las dimensiones del campo, esa también era una razón de presión hacia los presos, la escasa atención médica y sin medios.

La cocina
También se utilizaba la alimentación como arma para maltratar a los presos, la comida era de muy mala calidad y en cantidades pequeñas, a través de ella también contraían enfermedades.

La espantosa Holandinha
Los barracones en los que encerraban a los prisioneros eran enormes salas diáfanas con unas duchas y lavabos desproporcionados para el volumen de personas que podrían albergar, incluso vimos una minúscula celda a la que llamaban la "Frigideira" que más tarde fue sustituida por la "Holandinha" una celda oculta en el interior de otra construcción sin luz y de dimensiones ridículas para doblegar la voluntad de los presos.

Puerta de una de las zonas de aislamiento
En mayo de1974 por fin dejó su actividad este centro por el que pasaron 340 personas compuesto por portugueses, angoleños, guineanos y cabo-verdianos a los cuales cuando entraban en este campo de tortura se les recibía diciéndoles "A Tarrafal se viene a morir", por suerte muchos de ellos consiguieron sobrevivir a las duras condiciones.

Descansando de la visita

Vuelta a Tarrafal


De vuelta al pueblo nos subimos a otra pickup, a Éric le encantaba la idea y a Elena también le hacía ilusión volver a utilizar este medio de transporte. Ya era la hora de comer así que hicimos caso a Viviani y fuimos al Restaurante Vistamare junto a Mar de Baixo en la playa, el local está muy bien y nos dimos el capricho de comer espaguetis con gambas, riquísimos. Fue la comida más cara del viaje, pero aún no nos habíamos dado ninguna concesión así durante el viaje.

Playa Mar di Baxu
Nos acercamos al centro en busca de un aluguer y en seguida un hombre nos ayudó a conseguir uno, tras las vueltas de costumbre por el pueblo y recoger a más gente salimos hasta los topes, no cabía ni un tornillo a martillazos, pero aún así subió más gente, volvimos sin ningún incidente a Praia tras hacer el mismo recorrido que el día anterior.


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