lunes, 25 de septiembre de 2017

Isla de Sao Vicente. Mindelo pasado por agua.

Tocaba cambio de isla, concretamente nos íbamos a la isla de Sao Vicente, antes de venir a Cabo Verde adquirimos los billetes para hacer este desplazamiento y menos mal porque los compramos tarde y quedaban pocas opciones de horarios.

Habíamos quedado con el taxista que nos trajo el primer día del aeropuerto para que nos recogiese a las 9h, pero comprobamos que seriedad poca, así que a las 9:10 Elena se acercó a la calle principal y en seguida apareció con uno que en breve nos dejó en el aeródromo, está muy cerca a unos 15min de la ciudad.
Éric y Quim en la playa de Laginha
Sin ningún tipo de problema facturamos y pasada la espera con alguna disputa por la maleta de Eric, ya que varios niños querían jugar con ella y hubo algún lloro por lo que la tuvimos que esconder para evitar más rabietas. Vuelo tranquilo hasta Sao Vicente, allí nos esperaba un taxista que envió nuestro hotel B&B Moreno’s, fue una sorpresa porque no lo sabíamos y nos gustó mucho el detalle, el alojamiento está en una zona tranquila, pero debemos coger un taxi para desplazarnos por la noche aconsejados por ellos.

Lluvia en Mindelo
Como nos iba a ir ocurriendo a lo largo de todo el viaje, estábamos prácticamente solos en el edificio, no hay mucho turismo. Nos acercamos a la playa Laginha y nuestra cara cambió radicalmente ya que es de arena blanca bañada por aguas de color turquesa, pero tocaba comer, así que con la recomendación del Moreno’s  nos acercamos al restaurante Caravela donde podríamos reponer fuerzas y después disfrutar de la magnífica playa.

Trabajando en el Mercado Municipal
Con el estómago lleno nos acercamos al puerto para comprar los billetes para ir a Santo Antao dentro de unos días, después de no aclararnos muy bien con la chica que los vendía conseguimos comprarlos, unos 8€ el trayecto por persona, Éric no pagaba.

Con los deberes hechos, ya podíamos desfrutar de la playa, así que tranquilamente volvimos al alojamiento para coger los trastos y ponernos los bañadores y así por fin disfrutar de la magnifica playa. Como ya nos pasó en la isla de Santiago, la gente suele ir más por la tarde noche para disfrutar del agua y no tostarse al sol, así que estaba bastante concurrida, disfrutamos mucho sobre todo Éric, teníamos que ir con cuidado ya que en la arena había cristales, tuvimos que coger más de uno.

Trabajadora del Mercado Municipal
Cuando anochecía recogimos y de camino al restaurante Carabela vimos a unos hombres jugar una especie de partido de fútbol con peonzas y una pelota, incluso con unas mini porterías, era muy curioso y divertido, estuvimos un rato viendo como jugaban para más tarde ir a cenar y de ahí al sobre que estábamos cansados.

Playa de Laginha
Al día siguiente no amaneció con muchas ganas de dejarnos disfrutar de la estupenda playa que tenemos a 10 minutos, decidimos visitar la ciudad, andando nos aproximamos al centro y cuando vimos el mercado municipal nos metimos de cabeza y como locos empezamos a hacer fotos. La gente era muy amable y simpática, incluso después de hablar con unos trabajadores de una de las paradas que desgranaban unas vainas, nos dieron su dirección para que les enviásemos algunas fotos que les habíamos hecho, encantados lo haremos.

Mercado Municipal
La lluvia empezaba a apretar, por lo que estuvimos un buen rato hasta que bajó un poco la intensidad y decidimos acercarnos al Café Mindelo que estaba muy cerca, aquí decidimos comer y nos volvimos a encontrar con unos vascos que fuimos viendo continuamente desde que salimos de Praia, muy majos.

Como estábamos en la parte baja de Mindelo nos encontramos hasta los topes de agua, por lo que parecía que tendríamos que cruzar nadando en lugar de a pie y después de abandonar el restaurante dimos algunas vueltas para conseguirlo, nuestro objetivo era una oficina de turismo que hay junto al mar. La persona que estaba no era muy habladora, teníamos que sacarle las palabras y parecía que era su primer día a parte de hablar muy bajo y solo portugués, la conclusión es que habíamos perdido el tiempo.

Casa de Cesarea Evora
Hicimos una parada técnica en la Pastelería Morabeza muy cerca del Palacio del Pueblo, pero ante el tiempo tan desagradable que teníamos volvimos al Moreno’s para hacer tiempo hasta la hora de la cena.

Para volver al centro nos subimos a un taxi al que le extrañó que le dijésemos que nos llevase hasta el mercado, porque estaba cerrado, pero al no conocer la ciudad era nuestro punto de referencia, al final nos decidimos por el Café Royal, ya que la música en directo nos invitó a entrar. Es un local que seguro vivió tiempos mejores, pedimos unas pizzas y para picar nos pusieron un pincho de ¡tortilla de patatas! A Éric se le abrieron los ojos como platos, así que se la dejamos toda para él, el servicio no es muy rápido y tardaron una hora en traernos la comida, por lo menos los músicos eran buenos y de vez en cuando tocaban alguna canción de Cesarea Évora, ¿que más se puede pedir?

Limpiando pescado en el mercado de peixe
El día siguiente amaneció con mejor cara, así que nos acercamos al mercado del pescado que está en el centro justo al lado de una replica de la torre de Belem de Lisboa, como nos encantan los mercados en seguida nos pusimos a la tarea, descubrimos peces que no habíamos visto nunca en las pescaderías de nuestro país y charlamos con algunas vendedoras, hay bastante actividad y una zona en la que unos operarios se dedican a limpiar el pescado. Después nos acercamos a la Plaza Estrela, donde hay un mercado en el se pueden comprar souvenirs y aprovechamos. Queríamos ver unas pinturas en unas paredes próximas con la historia de la ciudad, pero  una nube puñetera nos jorobó a todos durante un rato soltando su cargamento sobre nuestros cuerpos acalorados, tampoco iba tan mal, pero impidió seguir buscando los murales. Cuando amainó un poco nos acercamos al Restaurante Algarbe en frente del mercado, bastante económico donde probamos la cachupa un plato tradicional de legumbres con huevo, chorizo y pescado, Elena pensando que pedía un plato exótico le trajeron uno de huevos con patatas, un gran acierto J

Percebes
Después de comer nos planteamos ir a Calhau, pero consideramos que era un poco tarde para coger un aluguer hasta allí, a Elena no le hizo mucha gracia. Aprovechamos que estábamos cerca y fuimos hasta la casa donde había vivido la reina de los pies descalzos, Cesarea Evora.

¿Quien no se va a querer bañar aquí?
Volvimos más tarde a la playa, pero el tiempo no nos quería dejar disfrutar de las aguas de esta isla, así que tuvimos que recoger como pudimos y volver empapados a nuestra habitación, ¡menuda lata!.

Isla de los pájaros desde Mindelo
Como no teníamos muchas ganas de buscar un sitio para comer nos decantamos por lo bueno conocido y volvimos al Café Mindelo, lo malo es que los ventiladores solo acarician el aire pero no lo empujan hacia abajo porque pasamos un calor impresionante, había música en directo. Cuando pedimos la cuenta además nos acercaron un mini guitarra para dejar la voluntad a los músicos.

Cansados tocaba retirada y como si fuese el juego de la oca, tocaba cambiar de isla al día siguiente, así que de isla a isla y tiro por que me toca.

martes, 19 de septiembre de 2017

Cabo Verde. Visita a Praia y excursión a Cidade Velha

PRAIA

Tras dormir como bebés en la Vivienda Viviani, desayunamos bastante bien en el comedor. En otros viajes nos hemos buscado la vida para desayunar y está bien, pero hay que reconocer que es súper cómodo tener el desayuno en el alojamiento, sobretodo cuando acabas de llegar a tu destino y prácticamente no sabes ni dónde tienes el pie derecho.

Con descanso y la barriga llena todo se ve más positivo, así que salimos dispuestos a descubrir la capital de Cabo Verde. Nuestro primer destino, el mercado del pescado en el puerto pesquero. Habíamos leído que era un imprescindible y no nos lo debíamos perder. Llegamos en taxi por 300cvd (unos 3€) y al acercarnos ya descubrimos el movimiento constante de gente. En la puerta Quim preguntó si podíamos entrar y nos dijeron que con Éric no, ¡zas! la primera en la frente. Recién llegados, con un calor sofocante y sin sombra donde resguardarse el que se quedara fuera con Éric, decidimos no entrar y nos conformamos hablando con la gente que estaba fuera vendiendo pescado y haciendo algunas fotos.

Pescadera a la salida del mercado del pescado

La gente de Cabo Verde es especial, hay una palabra para definirlos; morabeza. Significa más o menos que tienen muy buen rollo, son amables y muy acogedores. Aquí en el mercado ya lo pudimos comprobar, Éric llamó la atención de varias personas que nos saludaban chocando el puño y hablamos con algunas vendedoras que se mostraron encantadas cuando les pedí hacer alguna foto.

Nuestro primer destino dio para poco, así que de nuevo un taxi esta vez rumbo al mercado. Otra vez gente por todas partes, movimiento a tope y nosotros al principio un poco torpes en medio del mercado sin decidirnos por dónde empezar. Quim fue a por agua y mientras un hombre se nos acercó interesándose por nuestra procedencia, nos invitó a recorrer el mercado y hacer fotos. Así fue, poco a poco fuimos recorriendo los pasillos, entre miradas curiosas y gente más o menos receptiva. El mercado tiene dos plantas, y casi todos los puestos venden los mismo, frutas y verduras. Es algo que nos llamó mucho la atención, un mercado donde todos venden lo mismo... pero mira ahí están.

Verdulera en el mercado.
Esto ya era otra cosa, empezábamos a coger el ritmo de la ciudad y continuamos nuestro recorrido hasta la plaza Alexandre de Alburquerque. Comenzó a llover un poco y nos refugiamos en un bar con terracita tapada, donde tomamos algo fresco y nos encontramos con otro grupo de españoles. ¡Debíamos ser los únicos de la ciudad y ahí estábamos todos!

Un modo habitual de transportar cosas pesadas.
En la misma plaza está la iglesia y el ayuntamiento, no son gran cosa pero la verdad es que a nivel arquitectónico en Praia hay poco que ver. Justo detrás del ayuntamiento está el palacio de La República donde vive el presidente, pasamos por allí y nos sorprendió que los militares no se mostraran reacios a nuestras fotos, por lo que hicimos algunas interesantes y nos asomamos al mirador que hay al lado del monumento Digo Gomes.

Desde ahí vimos la playa con algunos embarcaderos hechos polvo y nos apeteció bajar a ver que veíamos de cerca. Unos pescadores estaban reparando las redes, se quedaron cuidando de nuestro carro y fuimos por el embarcadero o lo que queda de él, para ver la Isla de Santa María desde aquí. Es un islote donde se aprecian las ruinas de un edificio ya que es aquí donde llevaban a los leprosos antiguamente.

Panorámica desde el mirador junto al Palacio de la República.
Tras la visita cogimos de nuevo un taxi, que ya vimos que iba a ser la forma habitual de movernos por allí, que nos llevó al centro comercial. No penséis en un centro comercial como los de España, enorme con mil tiendas y restaurantes, no, aquí el centro comercial son unas pocas tiendas y algún restaurante de comida rápida. Las costumbres son diferentes y para ellos un sábado al medio día no es sinónimo de salir a comer, así que los pocos restaurantes de comida rápida estaban cerrados y solo nos quedaba uno más grande, el restaurante Mirage, con una terraza bastante chula desde donde veíamos como rompían las olas. Terminó siendo un descubrimiento y comimos bastante bien. Como no el grupo de españoles, en concreto gallegos, volvían a estar aquí. Es inevitable caer en el mismo sitio cuando hay tan poca oferta.

Isla de Santa María
El fresquito de la terraza con la brisa, se nos quitó en dos segundos de camino al hotel. Si algo aprendimos rápido es que al medio día mejor no salir, o lo mínimo. Llegamos acalorados y directos a la pequeña piscina que es un verdadero lujo y disfrutamos como locos.

 Por la tarde teníamos intención de ir a la playa. En Praia no hay grandes playas y nos habían recomendado una con arena más clara y bastante tranquila, A Prainha. Viviani, el dueño del hotel nos había explicado cómo llegar entre otros mil datos de la ciudad y cómo movernos, así que cogimos el taxi y el problema llegó cuando tuvimos que recordar el nombre de la playa. Yo daba por hecho que Quim lo sabía y él no se acordaba, por suerte con mi cara de pocos amigos parece que se le iluminó la bombilla y dijo el único nombre del que se acordaba al taxista....¡Bingo! tuvimos suerte y era la correcta.

Éric disfrutando en A Prainha.
Llegamos a la playa con poca luz pero en plena ebullición. En este país no suelen ir a la playa a pleno día y la gente disfruta hasta que se va la luz del fresquito. Así que no íbamos a ser menos, el agua cálida y muy tranquila. Y total, se nos veía perfectamente, los únicos blancos de la playa y se nos veía a distancia!! jaja.

De noche ya nos dijeron que nosotros como turistas (y blancos) debíamos tener mucho cuidado, así que al anochecer subimos a la carretera para coger un taxi. Por desgracia vimos a un chico correr con un bolso en la mano, acababa de robar a una mujer...está claro que hay que ir con mil ojos. ¡Entendido alto y claro!

CIDADE VELHA

El domingo teníamos pensada una excursión a Cidade Velha. la primera capital de Cabo Verde y la primera ciudad creada por los portugueses. Además en este enclave se hacían muchos negocios con esclavos y era punto de escala en conexión entre Brasil y África. Teníamos muchas ganas de ir, así que tras desayunar cogimos un taxi camino de Sucupira, la zona de la ciudad de donde salen los Aluguer rumbo a nuestro destino.

Aluguer destino Cidade Velha. ¡Y aún caben más!
Los aluguer con furgonetas que hacen rutas entre los pueblos. No es un servicio regular ni con un horario cerrado, ellos salen cuando están llenos por lo que puede ser o muy rápido, o muy muy lento.

La Picota. Lugar donde se ejecutaba a los reos
y subastaban esclavos
En nuestra primera experiencia con este transporte fue bastante bien. Al llegar nos dijeron que saldría en un rato así que nos dio tiempo a ir a por agua (totalmente imprescindible en este país aunque el recorrido sea corto).

Procesión camino de la iglesia.
El aluguer arrancó y ya éramos unos cuantos dentro, pero durante el trayecto va parando y sube más y más gente. Total, que terminamos como sardinas en lata. Nosotros flipados y pasándolo pipa, Éric alucinando y los lugareños con cara de "es lo que hay".

Barcas decoradas en el día del pescador.
Cidade Velha está solo a 12km de Praia, así que no tardamos demasiado en llegar. Primer golpe de suerte, resultó que era la fiesta del Pescador y en el pueblo había una movida increíble. Ya nada más llegar nos gustó lo que vimos, mucho más agradable que Praia, más pequeño y fuimos recorriendo la zona, con el suelo adoquinado y casitas bajas. Entramos en un edificio donde los artesanos venden sus productos y al final como descubrimos el resto del viaje, no eran en realidad cosas hechas por ellos ya que lo venden por todas partes. El caso es que compramos alguna cosilla con un vendedor demasiado persuasivo que no hacía más que regalarnos cosas sabiendo que de ese modo es difícil que nos vayamos sin adquirir nada.

Niña jugando

Niño observando el juego de los barcos.
Subiendo a la iglesia oímos música y al volvernos resultó ser un cortejo que había sacado al Cristo de la iglesia e iban acompañándolo con música. Nos metimos entre la gente y les seguimos hasta la iglesia, donde al rato empezó una misa.

Desde allí oíamos mucho jaleo en la zona de la playa y decidimos descubrir de qué se trataba. Unos cuantos barcos pesqueros hacían maniobras rápidas en una especie de recorrido, mientras les vitoreaban desde la orilla con globos, puestos de comida ¡¡una fiesta con todas las de la ley!!

Preparando la comida típica.
Nos dejamos envolver del ambiente y la verdad es que lo pasamos pipa. Allí coincidimos con una familia de españoles que iban con una peque y terminamos comiendo en el mismo sitio. Un restaurante a pie de playa regentado por un Canario muy cachondo, que cuando vio un barco de la armada española a lo lejos, sacó la bandera porque según él estaban esperando su saludo.

¡Nuestra vista desde el restaurante!
Cuando ya nos dimos por contentos en el pueblo, fuimos a la calle principal donde otro aluguer daba vueltas intentando llenar el vehículo para ir a Praia, nos subimos y al rato los pasajeros hartos de esperar le dijeron que saliera de una vez y ¡menos mal! porque por el camino se llenó bastante.

Cidade Velha merece la pena, es muy tranquila, bonita y ¡te deja un buen sabor de boca! Poco a poco este país nos va conquistando.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Colaboraciones que hemos realizado

No siempre escribimos en nuestro blog, a veces hacemos algunas colaboraciones con otros bloggers o con alguna empresa, siempre que el tema sean los viajes, si quieres seguirnos el rastro por las redes aquí os dejamos todo lo que hemos hecho hasta ahora.

Este post iremos actualizándolo a medida que vayamos realizando más trabajos. Sin pincháis sobre los nombres en negrita iréis hasta la colaboración.

Conxita nos pidió que hablásemos sobre Barcelona y que recomendásemos un lugar a visitar junto con otros compañeros de BcnTB.

Panorámica desde los Jardines Costa i Llobera

María José hizo un post para realizar planes con niños por Catalunya, quedó un post con una variedad muy amplia de propuestas de blogs familiares.

Éric divirtiéndose en la Ludo del Parc de la Ciutadella
Desde esta empresa de seguros para viajeros, nos pidieron unas líneas desde el punto de vista de las madres con consejos para viajar con niños.

Visitando Ait Ben Haddou
Estela nos propuso una idea muy original, hablar sobre lugares en los que hubiésemos estado y que pareciesen de otro planeta, la idea nos gustó mucho y no dudamos en participar.

Minas de Río Tinto

Laia quería hacer un post sobre escapadas de pocos días y cómo no, aportamos nuestro granito de arena.

Aiguamolls de L'Empordà
Desde este buscador de vuelos, nos pidieron proponer un lugar para ayudar a decidir a dónde ir de vacaciones a los indecisos.

Catedral de St. Andrews

BcnTB

Como somos socios de Barcelona Travel Bloggers, de vez en cuando escribimos algún post sobre alguna actividad realizada a través de la asociación o algún tema propuesto por nosotros.

Con motivo del tercer aniversario, el domingo siguiente a la celebración dimos un paseo en las famosas golondrinas del puerto de Barcelona y aquí contamos la experiencia.

También aprovechando el tercer aniversario Elena visitó esta preciosa casa singular  en el centro de Barcelona.

Cuando celebramos el 4º aniversario de la asociación visitamos esta Pineda en El Prat de Llobregat.

En este post explicamos que es posible viajar con niños y explicamos algunas experiencias vividas.


Entrevistas

Pues sí, también nos han entrevistado, os dejamos las que hemos hecho:

Utilizamos los servicios de este portal para difundir contenido de nuestro blog y publicaron una entrevista sobre nosotros.

Cuando entramos en la asociación también nos hicieron una entrevista para darnos a conocer.

María hizo una serie de entrevistas a compañeros y nos incluyó también a nosotros.


martes, 12 de septiembre de 2017

Cabo Verde, empezamos un nuevo viaje.

Normalmente cuando decidimos realizar un viaje, casi nunca acabamos en el primer sitio que habíamos pensado, para no faltar a nuestra costumbre esta vez ocurrió lo mismo. El problema este año es que en contra de nuestra voluntad las vacaciones tenían que ser en agosto, algo de lo que huimos normalmente, pero este año Éric empieza el colegio y queríamos que empezase junto a todos.

¡Nos vamos!
En la lista estaba Irlanda del Norte, Azores y puede que me deje algún sitio más, pero fueron descartados a regañadientes por los precios de los vuelos y los alojamientos, además decidimos muy tarde el destino y empezaban a ser prohibitivos los precios, propuse Cabo Verde (Quim), ya le había echado el ojo hacía tiempo y parecía un lugar factible, nos pusimos a buscar información y empezó una odisea, no hay muchos datos en internet que te ayuden a preparar el viaje, tampoco muchas guías de viajes, la más completa que encontramos es la Guía Azul de ediciones Gaesa.

Hay que apañarse con el espacio
Como hicimos en Marruecos, queríamos  hacer Trip-Drop, contactamos con alguna ONG que no nos respondieron, incluso una que previamente lo había hecho con el portal de Trip-Drop, nada. Es tan desesperante que Turismo de Cabo Verde tampoco nos contestó a los mails que les enviamos, de hecho su instagram no tiene publicaciones desde 2016, incluso empresas de alquiler de coches. A pesar de estos antecedentes seguimos adelante.

¡NOS VAMOS!

Aprovechando una oferta de MyTaxi, con un descuento del 50% al aeropuerto, reservamos uno para las 4:15 de la mañana o de la noche, ni siquiera el taxista sabía cual sería la forma correcta, nuestro vuelo salía a las 6:40, sería un día largo, Éric se despertó en el taxi y cuando llegamos al aeropuerto estaba a tope como si fuesen las 11 de la mañana. Había bastante ajetreo en la terminal, sobre todo en seguridad, nosotros pasamos por el acceso para familias por lo que no hicimos nada de cola, pero como en estos días ha habido problemas con la empresa que hace los controles intuimos que algo había aunque digan que no.

¡Ya estamos en Cabo Verde!
Como habíamos conseguido realizar todas las operaciones bastante deprisa nos paramos a tomar algo para espabilarnos, más Elena y yo que Éric :-), cuando ya pasaba un poco de la hora de embarque, le dije a Elena que había que ir tirando, yo soy el histérico del reloj, me dijo que ya estaba como siempre y como me he llevado muchas broncas no insistí, así que cuando estábamos llegando al embarque, la misma mujer que nos facturó nos echó una media bronca ya que estaba todo el pasaje dentro y nos estaban esperando, ni siquiera nos miró los pasaportes porque ya lo había hecho antes, a veces tengo razón pero no se me reconoce...

Hay que refrescarse, ¡menudo calor!
Nuestro avión de la Tap nos llevó a Lisboa, donde en algo más de una hora nos subimos a otro que nos llevaría en unas 4 horas a nuestro destino final Praia en la isla de Santiago, Éric estaba encantado viendo aviones y yo también. En el vuelo Éric ya no pudo más y se acabó durmiendo.

Vuelo tranquilo hasta Praia, nos preparamos para salir, no hay fingers, así que bajamos por las escaleras, pisamos tierra y ¡¡zas!! una bofetada de humedad en todo el cuerpo, habíamos leído que el clima es parecido al de Canarias, pero me temo que nos la han colado, mientras esperamos en la cola para conseguir el visado el aire acondicionado no hace suficiente por mitigar nuestro calor.

De momento lo que vemos nos gusta
El visado lo puedes gestionar con la embajada en España, pero cuesta 45€ y tienes que hacerlo con tiempo porque hay que enviar el pasaporte, nosotros vimos que en el mismo aeropuerto por 25€ también lo hacen y es muy raro que te rechacen, pero nos rechazaron, es broma pasamos sin problema.

¿Qué tiene el agua que atrae?
Con nuestras maletas y después de un pequeño percance con Éric que iba sobre las mochilas y se cayó al suelo en un bache sin hacerse nada, acompañados por dos chicos que se intentan ganar la vida llevando maletas hasta los taxis, a los que les supo a poco los 2€ que les dimos por hacer 70 metros. El aeropuerto está a 3,5kms de Praia, se llega en seguida y al poco rato nos dejó en la puerta de nuestro alojamiento Vivienda Viviani, regentado por un italiano muy majo. El taxi desde el aeropuerto cuesta 10€ ó 1000 escudos, los euros les gustan porque al cambio ellos salen ganando.

¡Cuerpazo!
Como llegamos a las 13h, nos desplegamos en la habitación e insistí en salir a cambiar dinero al banco, si podéis evitar el aeropuerto mejor ya que allí te cobran un 3% sobre la cantidad a cambiar, en cambio en los bancos suele ser entre 3 y 5 euros da igual el importe, con un calorazo impresionante y sudando hasta las pestañas nos dejamos guiar por el GPS, el más cercano no lo estaba tanto y el calor no ayudaba ya que Elena estaba agobiada y no le hacía mucha gracia tanto calor, menos mal que en el banco había aire acondicionado, cambiamos sin problema y pasamos a por agua, vimos un poco la zona y no era muy atractiva, volvimos al hotel para resguardarnos del calor y meternos en la pequeña piscina. Lo cual agradecimos muchísimo, sobre todo Éric que se lo pasó genial.

Faro María Pía
Cuando ya hacía menos calor nos acercamos a una zona comercial que hay cerca en la playa y vimos otra cara más agradable, mucha gente bañándose en las playas y los restaurantes muy correctos y con precios asequibles. A Elena ya le empezaba a cambiar la cara y a gustarle lo que veía, menos mal. Por aquí no hay muchos turistas y es una envidia ver que todo el mundo está más moreno que nosotros.